La verdad sobre la Vieya’l Monte

Cuando los adultos van al monte o a la mina a trabajar, en su camino de vuelta al hogar, se encuentran con la Vieya quien les pregunta por los rapaces que hay en casa y les entrega bollos, riscaños de pan, algún trozo de chorizo o tortilla, alguna fruta... para que se las lleven a los hijos, sobrinos o nietos que esperan con ilusión los regalos de la Vieya.

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Ahora León / Tradiciones leonesas / Alicia Valmaseda Merino

Dentro de la mitología popular leonesa, una de las figuras que, con distintas ocupaciones se repite es la de “la Vieya” o “la Guela”, figura emparentada con otras similares de diferentes tradiciones europeas, las “hadas” buenas que protegen a los niños y les envían pequeños regalos sin que éstos puedan verlos.

En el caso concreto de las “Vieyas” o “Guelas” leonesas las tenemos dedicadas a “masare’l pan” y a “filare”, si bien también la encontramos subida en el Arco Iris que, en lengua leonesa, se llama “L’Arcu la Vieya”.

Pero dejemos a la Filandeira que puede ser joven o vieja o incluso estar hilando en el cuerno de la luna, dependiendo de las leyendas y a la Vieja que “cabalga” el Arco Iris porque, en esta ocasión, nos vamos a referir a la Vieya’l Monte.

Se trata de una tradición recogida por toda la Montaña Leonesa. La Vieya vive en diferentes cuevas de la montaña en las que amasa un pan delicioso que luego hace llegar a los niños, a través de sus padres, tíos y/o abuelos.

Cuando los adultos van al monte o a la mina a trabajar, en su camino de vuelta al hogar, se encuentran con la Vieya quien les pregunta por los rapaces que hay en casa y les entrega bollos, riscaños de pan, algún trozo de chorizo o tortilla, alguna fruta… para que se las lleven a los hijos, sobrinos o nietos que esperan con ilusión los regalos de la Vieya.

Se ha querido limitar la aparición de la Vieya a la primavera, verano y otoño porque son las épocas en que se trabaja en el monte, pero es indudable que la Vieya podía aparecer todo el año porque, indudablemente, en la mina se trabajaba también en invierno.

Por otra parte, esta leyenda no se limitaba a la montaña dado que en la tierra llana, donde no había cuevas de montaña en las que pudiera vivir la Vieya, los rapaces también recibían de sus mayores los mismos pequeños regalos pero en esas comarcas, en lugar de llamarlo “Pan de la Vieya” de lo que se hablaba era del “Pan de Pajarines o Paxarines”, del “Pan de Liebre” y del “Pan de Raposa”, aunque en estos casos no se les explicaba que dichos animales hubieran amasado dicho pan.

Ésta es la tradición de la Vieya’l Monte y así la hemos explicado tanto en radio como en televisión los dos últimos años como fácilmente se puede comprobar en la grabación del programa León en la Onda de Onda Cero, del pasado 20 de diciembre, a partir del minuto 0:39:10:

https://www.ondacero.es/emisoras/castilla-y-leon/leon/audios-podcast/leon-en-la-onda-20122018_201812205c1bc8520cf2b5f9b94b0022.html

Y también hemos dicho que dicha figura mítica, en la actualidad, estaba prácticamente olvidada porque la despoblación galopante que aqueja a nuestra tierra hace que, desgraciadamente, ya no haya adultos que vayan a trabajar al monte o a las minas que están cerradas y, casi, ya no quedan niños en los pueblos oir las historias de la Vieya.

Ante esta situación, podemos preguntarnos ¿dónde están ahora los niños? En las ciudades. ¿Cuándo tienen tiempo para aprender nuestras leyendas y tradiciones? En vacaciones. ¿Qué queremos que nuestras tradiciones se pierdan o preferimos adaptarlas al siglo XXI?

¿Seguimos viviendo en casas de “teitu” o “llousa” y cocinando en el llar y vamos a lavar al rio para que no se “desvirtúe” el mundo rural?

Y ahora la pregunta del millón ¿desde cuándo Papá Noel y el árbol de Navidad forman parte de nuestras tradiciones? Y, sobre todo ¿alguien cree que esas dos tradiciones extranjeras han permanecido inalterables desde que nacieron? ¿Alguien cree que Santa Claus, Sinterklaas, Papá Noel trajeron siempre regalos fabulosos? Porque el San Nicolás alemán lo que llevaba a los críos eran mandarinas y frutos secos. Mucho más cerca del “Pan de la Vieya” que de los espectaculares regalos de hoy día.

En cuanto se refiere a su nombre, lo correcto en castellano es “Vieja del Monte” y en leonés “Vieya’l Monte” porque debido a la costumbre leonesa de “comernos” las preposiciones (que incluso mantenemos muchas veces hablando en castellano), la preposición “de” desaparece y el artículo “el” apostrofa con la palabra precedente “Vieya” que acaba en vocal por lo que lo de “Vieja el monte” no deja de ser un “amecido” de leonés y castellano que no es correcto en ninguna de ambas lenguas.

Con todo respeto hemos preparado dos años consecutivos una Cabalgata en la que la Vieya reparte caramelos y lleva pan en su carroza, pan al que, junto con chocolate hecho, convidamos a los asistentes al final de la Cabalgata para que se calienten en la cruda tarde-noche de diciembre y explicamos la historia de la Vieya a todo el que quiera escucharnos.

Hemos recuperado una tradición leonesa que estaba prácticamente olvidada y seguimos trabajando por conservarla y ampliar el conocimiento de la misma porque, entre otras muchas cosas, la ilusión en los ojos de los más pequeños nos compensa de los sinsabores que nos producen algunos mayores.

Sólo me queda añadir que las tradiciones y su evolución son tarea del pueblo, de todo el pueblo, no de unos pocos que, al parecer, se creen propietarios de las mismas.

Alicia Valmaseda Merino

Coordinadora y Portavoz de ComunidadLeonesa.ES

Tesorera de “La Parva” Plataforma de Tradiciones y Cultura Llïonesa