Los trabajadores de ALESA denuncian la falta de preocupación por la seguridad de la plantilla

A esta problemática hay que sumar la inquietud que en dichas representaciones introduce la decadencia y deterioro del mantenimiento de los autobuses urbanos de León, debido en primera instancia, al uso indiscriminado y abusivo de los recursos de taller, extendidos a toda la flota provincial de Alsa,

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Las representaciones sindicales de CSIF y CCOO de Alesa S.A.U., denuncian la total ausencia de preocupación por la salud y seguridad de plantilla y usuarios por parte de la concesionaria, al dejar de entregar, en decisión unilateral, mascarillas ffp2 a los trabajadores, contradiciendo lo pactado con el comité de seguridad e higiene de éstos, donde se estipulaba el suministro diario de las mismas, ajustándose de este modo a la vida útil de las EPIs citadas. Por contra, a partir de ahora, solo proporcionará mascarillas higiénicas, cuya falta de adecuación y protección ha quedado suficientemente contrastada por diversos medios y fuente científicas, más aún para entornos cerrados como el autobús y para turnos laborales continuados de entre 8 y 9 horas, coronando con ésta última acción una política omisiva y despreocupada que además, en ningún momento ha procurado herramientas de control y seguimiento, mientras la incidencia del virus sigue siendo notable en la plantilla.

 A esta problemática hay que sumar la inquietud que en dichas representaciones introduce la decadencia y deterioro del mantenimiento de los autobuses urbanos de León, debido en primera instancia, al uso indiscriminado y abusivo de los recursos de taller, extendidos a toda la flota provincial de Alsa, lo que está repercutiendo negativamente en el transporte público de la capital. Cada vez son más frecuentes las averías, incluso se repiten, ya que las soluciones propuestas tienden a ser temporales. Por ello, se multiplica el número de autobuses que no arrancan o salen con retraso por las mañanas al iniciar el servicio, porque no se cambian las baterías, faltan líquidos refrigerantes y/o aceites, falla el sistema neumático, rampas y un largo etcétera. Lo mismo ocurre con el mantenimiento del S.A.E, con constantes errores y caídas de red, expuestos en paradas electrónicas, pantallas y megafonía a bordo, propiciando la desinformación y desconfianza del usuario.

También hay que añadir un irregular servicio de limpieza para el que se presume un amplio margen de mejora: billetes por el suelo del día anterior, manchas atemporales en los paneles interiores, cristales casi opacos de la suciedad, dispensadores de gel vacíos o atascados, desinfección nocturna insuficiente

Todo ello proyecta una descarga laboral extra para los conductores, únicos con el interés suficiente para afrontar y solventar a diario este tipo de problemas, mientras que la empresa parece ocupada exclusivamente en maximizar su margen de beneficios y asegurarse indemnizaciones, agudizando la crisis actual que azota al servicio, fruto de la pandemia.