Cofradía de Ánimas y Santo Cristo de Fuera de la Iglesia de San Martín

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Ahora León / Opinión / José Manuel Fernández Gutiérrez

Desde los primeros albores, la humanidad ha sentido una profunda inquietud por aquello que tuviera que ver con el “más allá”, es decir lo que existe o no después de eta vida. Las preguntas

– y respuestas- son de lo más variado. Desde los que afirman que no existe nada, es decir que lo que vemos es únicamente lo que existe y tiene vida y después no quedan más que unos restos como muestra de que hemos estado aquí; los que opinan que tras el paso por esta vida volvemos nuevamente a ella a través de la reencarnación, y aquí sí que hay opciones para todos los gustos, que nos reencarnamos nuevamente como humanos, o en algún animal e incluso en elementos de la naturaleza, ríos, lagos, montañas etc.

No es objeto de este artículo examinar y desarrollar dichas teorías pues se haría largo y con todo existe abundante bibliografía y muestras sobre ellas.

Nos centraremos en el trato que la Iglesia, especialmente la católica otorga a esta cuestión.

Según ella, al final de nuestra vida aquí en la tierra ocurren cuatro actos, denominados Novísimos: Muerte, Juicio, Infierno y Gloria. Es decir, dejamos de existir físicamente, somos juzgados según lo que hayamos hecho en nuestra vida y en virtud de nuestro “comportamiento” somos destinados a uno u otro lugar.

Como inciso, debo decir que uno de los mejores textos que trata de ello es La Divina Comedia del autor italiano Dante Alighieri. Pero ¿Qué ocurre con aquellas almas que no han sido tan “malas” como para ir al Infierno, pero tienen alguna imperfección por reparar? Para ellas existe un lugar que se denomina Purgatorio.

Y aquí es donde entra Nuestra Cofradía, al igual que muchas otras en prácticamente todo el mundo.

Las Cofradías de Animas hunden sus raíces en la misma historia de la Iglesia, pues siempre se ha considerado un acto piadoso rezar y llevar a cabo prácticas y ofrendas que ayuden a esas almas a salir, o al menos a abreviar su estancia y sufrimientos en dicho lugar. Para ello, muchas personas, de todas clases sociales dejaban dispuesto en sus últimas voluntades la celebración de oficios por sus almas.

Ciñéndonos al tema que nos ocupa, La Cofradía de Ánimas y Santo Cristo de Fuera de la Iglesia de San Martín fue fundada en León el 15 de junio de 1532 por el entonces canónigo de la Santa Iglesia Catedral D. Matheo de Soto y Vitoria. y aprobada por el Ldo. Ernan García, asimismo canónigo y Vicario General de la Ciudad y Obispado de León.

Radica desde su fundación en la actual capilla, que es propiedad de la Cofradía, que se encuentra adosada a la Iglesia Parroquial de San Martín (de ahí su nombre) y en ella está entronizada la imagen titular de la misma, que data de principios del siglo XVII, es de estilo barroco y la Capilla y su retablo fueron restaurados en el año 1995.

La Cofradía fue creciendo a través de las distintas donaciones que recibía, no solo en dinero, sino también en bienes inmuebles tales como casas y terrenos, incluso fuera de la ciudad, según consta en los Libros de Actas y Archivo de la Cofradía. Uno de sus fines era prestar dinero a las personas necesitadas a un interés muy bajo y por tanto que fuera fácilmente devuelto. A las personas que no podían acceder a este sistema, se las ayudaba en forma de donativos, ayudas para su alimentación, vestido y artículos de necesidad.

También se encargaban de dar sepultura, a cargo de la Cofradía a aquellas personas que por sus escasos o nulos recursos no podían permitirse satisfacer la cantidad para tal menester. Todos ellos eran actos de caridad que desde el principio marcaron la senda de la Cofradía y que a la fecha se siguen manteniendo, pues cuando fallece un hermano tiene derecho a una misa y en el mes de noviembre, dedicado a las Animas, se abre una Bolsa de Caridad recogiendo alimentos no perecederos siendo después entregados a la Parroquia para su reparto entre los necesitados.

Para comprender esto, debemos situarnos en el contexto histórico del que estamos hablando, y ciertamente en aquella época las necesidades no eran las actuales.