Fibromialgia y cirugía un caso real

A pesar de que la indicación quirúrgica haya sido dudosa, las consecuencias de ésta no suelen ser dañinas para el paciente a largo plazo, apenas una cierta rigidez o limitación de los movimientos secundaría a la instrumentación.

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   Ahora León / Noticias de León / Opinión / Dr. Jorge Gutierrez

Hace unos días he tenido conocimiento de un caso especialmente desgraciado, el de una paciente que llevaba años padeciendo de fibromialgia, una enfermedad compleja de curso crónico, que entre otros síntomas la causaba dolores continuados en la zona lumbar.

Decidida a librarse de ese dolor mantenido tan incapacitante, y desesperada por tantos años de sufrimiento, decidió consultar su caso a los cirujanos de columna.

La primera consulta la hizo en la medicina pública, en el hospital mas cercano, y concluyó sometiéndose a una cirugía de artrodesis o fijación de la columna lumbar, que no fue exitosa puesto que los dolores continuaron, siendo necesaria una segunda intervención a los pocos meses, donde el mismo equipo quirúrgico decide recomponer la osteosíntesis de tornillos y barras colocados previamente con la esperanza de que esto fuera la causa de la persistencia de los dolores. No ocurrió así, los dolores continuaron y la paciente desesperada y aconsejada por unos amigos, decide consultar su caso con un prestigioso cirujano de columna en el ámbito privado.

Éste La explica que sus dolores continúan porque la cirugía anterior no fue la correcta, la enseña imágenes de su columna lumbar donde la indica la cirugía que debe ser realizada, en su caso, para acabar definitivamente con su dolencia..

El problema es que ésta nueva intervención es muy cara y la paciente no tiene el dinero suficiente para afrontarla, pero las explicaciones del cirujano parecen tan convincentes que la paciente decide pedir un préstamo bancario para someterse a la cirugía.

Tras la nueva intervención hay un alivio temporal de sus dolores en la zona lumbar, pero pasados unos meses, éstos vuelven y además han variado ligeramente  su localización y aumentado en intensidad.

Consulta de nuevo al cirujano que la operó, se somete a una nueva resonancia y después de verla, éste la comenta que lo que ha ocurrido es que uno de los tornillos colocados se ha desplazado de su lugar y le está comprimiendo un nervio, debe operarla de nuevo para recolocar ese tornillo. El cirujano la ofrece hacerle esta cirugía sin coste alguno, ganándose así la confianza de su paciente.

Pero una vez realizada esta operación, los dolores siguen presentes y tras nueva consulta, el cirujano plantea una nueva cirugía con una ampliación de la fijación a niveles superiores con la teoría de que la columna continua siendo inestable y la fijación de mas vértebras hasta el nivel dorsal acabará con sus problemas.

Ésta nueva intervención, eso sí, tendrá que costearla de nuevo, para lo cual decide pedir un nuevo crédito al banco.

La nueva cirugía ( la quinta intervención a la que se somete) es muy laboriosa y tras muchas horas de intervención, acaba sin complicaciones.

Parece que la paciente se siente aliviada después de la operación, pero unos meses después, tras una caída vuelve a notar un dolor brusco, esta vez en la columna dorsal, acompañado de pérdida del control de esfínteres, adormecimiento y debilidad en las piernas. Acude a su cirujano, que detecta en la resonancia una fractura de una vértebra a nivel dorsal con afectación de la médula.

Para sorpresa de la paciente, el cirujano no asume ninguna responsabilidad en esta complicación y la remite a la sanidad pública, donde vuelve a ser intervenida, esta vez con el objetivo de estabilizar la columna para evitar un daño mayor, puesto que se trata de una lesión medular grave con imposibilidad de caminar y pérdida de control del esfínter urinario y anal.

La fibromialgia es un padecimiento crónico bastante frecuente en nuestra sociedad que se da con mas frecuencia en la mujer. Se caracteriza por una afectación general del organismo de causa desconocida. Los dolores pueden afectar a múltiples zonas del cuerpo y se acompañan de abundantes síntomas de disfunción orgánica como cansancio, dolores de cabeza, alteraciones digestivas, hormigueos en manos, alteración del sueño, dificultades cognitivas etc.

Los dolores crónicos llevan a los pacientes a consultar con frecuencia a los cirujanos en busca de una lesión que explique sus síntomas. Con frecuencia la resonancia magnética encuentra anormalidades estructurales en la columna  como hernias discales o alteraciones degenerativas debidas a la artrosis, a las que se atribuyen rápidamente el origen del cuadro clínico..

Una vez realizada la operación nos encontramos con diferentes resultados; algunos experimentan un alivio importante, que en el mejor de los casos permanece durante meses, aunque finalmente se acaba desvaneciendo.

En otros casos cambia la localización del dolor que se intercambia por un dolor en otra zona del cuerpo como un hombro, cadera etc. Este fenómeno conocido como el imperativo del síntoma descoloca con frecuencia tanto al médico como al paciente haciéndoles creer que su “lesión” se ha curado.

Otras veces el dolor no desaparece pero disminuye en su intensidad, lo cual también favorece la creencia de que la cirugía ha sido acertada. En los casos menos afortunados, tras la operación los síntomas aumentan, con gran desconcierto y decepción por parte del paciente y cirujano.

A pesar de que la indicación quirúrgica haya sido dudosa, las consecuencias de ésta no suelen ser dañinas para el paciente a largo plazo, apenas una cierta rigidez o limitación de los movimientos secundaría a la instrumentación.

Pero el riesgo de someterse a cirugías tan agresivas existe, como desgraciadamente vemos de vez en cuando en forma de sangrados excesivos, infecciones, fractura de los materiales etc.

Por consiguiente debemos tomar la decisión de operarnos muy en serio y sopesando muy bien los pros y contras.

Para finalizar recordemos las sabias palabras del prestigioso neurocirujano inglés Henry Marsh, autor del bestseller Do not harm ( no hagas daño ):

“Hacen falta tres meses para aprender a hacer una operación, tres años para saber cuándo hacerla y 30 años para saber cuándo no hacerla