Un proyecto del IGM pretende mejorar los sistemas de producción del ganado caprino

El Instituto de Ganadería de Montaña (IGM, CSIC-Universidad de León) participa en una iniciativa internacional que busca alternativas para la alimentación caprina

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DICYT El Instituto de Ganadería de Montaña (IGM, centro mixto del CSIC y la Universidad de León) está poniendo en marcha el proyecto MEDGOAT, titulado ‘Caracterización de los sistemas de producción caprinos y estrategias para mejorarlos en el escenario de cambio climático de la región del Mediterráneo’, en el que participan socios de diferentes instituciones de Francia, Portugal, Italia, Marruecos y Túnez. El objetivo de esta iniciativa, que forma parte del programa europeo PRIMA (Partnership for Research and Innovation in the Mediterranean Area), es mejorar los sistemas de producción del ganado caprino en la zona del Mediterráneo.

Aunque cada uno de los países participantes tiene sus particularidades, “todos tenemos problemas similares”, explica Sonia Andrés Llorente, investigadora del IGM, en declaraciones a DiCYT, “porque las temperaturas extremas y sequías prolongadas que se están produciendo como consecuencia del cambio climático están dificultando la producción animal en gran medida”. Desde ese punto de vista, los científicos se proponen ofrecer alternativas que permitan optimizar la producción caprina.

La cuestión fundamental es la alimentación de los animales. En el sector caprino, “podrían incluirse materias primas alternativas o subproductos de la agroindustria de los que no se tiene mucha información a nivel nutricional, porque no están correctamente valorados”, comenta. Con este objetivo, por una parte, se tratará de identificar cultivos que sean resistentes a la sequía y que puedan incluirse en la alimentación de estos animales. Y, por otra, implementar modelos de economía circular que permitan reducir el impacto medioambiental que se produce como consecuencia de la acumulación de subproductos agroindustriales en el entorno.

Para conocer el potencial de estos recursos, el proyecto llevará a cabo pruebas de alimentación con el ganado caprino para evaluar la productividad de los animales y la calidad de la carne y la leche producida. Las diferencias obtenidas se estudiarán mediante un abordaje multidisciplinar, incluyendo parámetros de eficiencia alimentaria y bienestar animal, análisis químicos de los alimentos (incluyendo compuestos bioactivos) y tecnologías de última generación que permitan, por ejemplo, caracterizar la microbiota del tracto digestivo o el metabolismo del animal.

Alternativas nutricionales

En concreto, los científicos del IGM son especialistas en nutrición de rumiantes. Por eso, en este caso, van a realizar experimentos relacionados con la alimentación de cabritos y cabras en producción lechera. “Queremos incluir en la alimentación de estos animales cultivos que requieran para su producción menores cantidades de agua que el maíz”, que es un producto esencial hoy en día en la alimentación de los rumiantes, pero que “puede tener requerimientos hídricos elevados”. Si el cambio climático trae sequías prolongadas y severas, la productividad de los cultivos de maíz podría verse reducida y el precio encarecido, así que “es conveniente buscar alternativas dirigidas a alimentar a los animales de cara a un escenario de cambio climático”.

“La idea es que en el futuro podamos disponer de alimentos alternativos que estén adecuadamente valorados para poder alimentar al ganado caprino y seguir produciendo carne y leche a un precio competitivo”, comenta Sonia Andrés Llorente. En Europa, por ejemplo, una de esas alternativas puede estar la remolacha, un cultivo que requiere menos agua y soporta mejor que el maíz la sequía. Los investigadores también piensan en utilizar fuentes de proteínas alternativas a la soja, que se importa de América, con el fin de reducir la huella de carbono que se produce como consecuencia del transporte. Los ensayos con animales permitirán generar muestras que serán enviadas a los socios de otros países para estudiar la calidad de la leche y de la carne producida con estas fuentes de alimentación alternativas así como el impacto en la microbiota del tracto digestivo o los cambios que puedan producirse en su metabolismo.

Los proyectos PRIMA tienen entre sus objetivos mejorar la sostenibilidad económica, social y medioambiental de los sistemas agroalimentarios de los países del área mediterránea. En este caso, con las aportaciones económicas de cada país, los investigadores dispondrán de alrededor de un millón de euros para desarrollar el trabajo hasta finales de 2026. “Hay una parte muy importante de diseminación, sobre todo en las zonas del norte de África, para que los ganaderos comiencen a adoptar las medidas que, a partir del proyecto, se considere que son alternativas interesantes para la alimentación de los animales”, explica la investigadora. Así, podrían incluir nuevas fuentes de alimentación que hayan sido valoradas en el proyecto. La población de estos países también puede verse beneficiada de los resultados, ya que la carne y la leche del ganado caprino son productos muy nutritivos, de gran calidad y con beneficios sobre la salud ampliamente demostrados.

Beneficios más allá de la economía

En el caso de Europa, el sector de los pequeños rumiantes es muy minoritario. El ovino y el caprino europeo solo representan el 1,6% de la producción global, pero “tienen un gran interés en zonas despobladas que no pueden implementar otro tipo de explotaciones ganaderas porque requieren una gran cantidad de insumos y de agua”. Además, esta forma de ganadería extensiva redunda en la conservación paisajística, cultural y medioambiental, ya que estos animales reducen la acumulación de biomasa y, por lo tanto, la propagación de incendios.

Por lo tanto, aunque hay animales más rentables desde el punto de vista estrictamente económico (como el ganado bovino, el porcino o el aviar), en Europa el sector caprino y ovino debería valorarse por los beneficios que ofrece a la sociedad en conjunto. Y es que estos animales no solo ayudan a proteger el medio ambiente, sino que en muchas ocasiones pueden ser una actividad económica y “una forma de fijar población rural”, especialmente, en las zonas de montaña o despobladas, que corren aún mayor riesgo de abandono.